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domingo, 28 de junio de 2020

Amalia Rodrígues

La vida es compleja o simple según como nos dispongamos a verla. En ocasiones, no siempre, con retos que aparentan simplicidad no podemos y con cruzadas de enormes desafíos logramos el cometido.
En la escuela secundaria hay materias difíciles como en la vida. Uno va viendo que se va acercando un escollo en el año siguiente, siempre y cuando pase, y se pone "trémulo de pavor" como diría Almafuerte.
Resumiendo. Llegué a tercer año y tuve que enfrentar una de las peores materias que uno puede pensar en su vida de secundaria casquivana. La materia era química y la profesora era Amalia Rodríguez que en nada se parecía a la dulzura de su homónima cantante de fado portugués. El nombre no dice nada de uno.
Venía como el titanic con química de tercero. Todas las estupideces de una existencia líquida y banal se habían apoderado de mis quince jóvenes años, pero Amalia Rodríguez me daba mucho miedo. Como a todos. Sea guapo o compadrita o aplicado o lo que sea llegaba el martes en la tercera y cuarta hora y se paralizaba el mundo. Entraba Rodríguez y era pánico terrible, los carbonos y los oxígenos se iban a cualquier lado.
Mi primo fue uno de los pocos. Siempre es uno de los pocos. Aprobó química y le pasó el trapo a toda la gilada. Es ocho meses más grande que yo y estaba un año más adelantado. Un día le ciento del cagado magnánimo que despertaba la profesora Amalia Rodríguez y me dio el antídoto contra ese veneno puro. En pocas palabras me explicó como aprobar química de tercero.

La clase consistía en pasar al pizarrón cuando los nervios del que solucionaba la fórmula estaba a punto de explotar. Amalia te gritaba. Así no más como quien no quiere la cosa ¡Qué hace señor! ¿¡Usted no se da cuenta de lo que está poniendo!? En voz alta y de forma agresiva. El que estaba en el pizarrón le ponía una rayita más entre el carbono y el hidrógeno y por ahí era que la palabra hidróxido no tenía la tilde.
Cuando se llegaba a ese punto mi primo me dio la clave que consistía en mirar en la carpeta la fórmula, levantar la mano, pasar al pizarrón y solucionar como un héroe la fórmula. Eso me enseñó mi primo Gastón. Nada de chuparse los mocos y encontrar la ocasión y darle para delante. Como hizo siempre él. El secretongo residía en cansarla hasta que diga basta.
Pasabas de araca, te ponía una nota y dale pa' delante. La siguiente clase hacías lo mismo y a la semana de nuevo -¿Profesora Rodríguez puedo pasar?
Hasta que la cansabas y te decía que no pasaras.... que pase fulano o mengana y ahí ya estaba todo listo.
Gracias a mi primo aprobé química de tercero, otro que también aprobó fue el mejor de mi curso y de la escuela, el gallego Amadey. Le debía muchas en matemática y era una forma de quedar a mano.
De maravilla le hice un ole al iceberg. Ese año me llevé siete materias pero química no. Las di todas en diciembre porque en mi casa me pasaban por una picadora de carne si me llevaba materias a marzo.
Es una anécdota de como afrontar lo complejo de ésta vida. Me acordé cuando whatsappeaba con Gastón, yo encuarentenado y él solucionando los problemas de una empresa a las once de la noche. Es así la vida hay que darle para delante y pasar al pizarrón cuando todos están cagados en las patas.

Novedad

En ese lugar sucio y repleto de hastío de hombres mugrientos que mataban gallinas asustadas, jugaba en el piso de barro de sangre y plumas, una nena desgreñada y harapienta con una limpia sonrisa. No sabía  que ella llevaría adelante la libertad de los pueblos de América Latina en un futuro inmenso e inmediato. 

martes, 12 de mayo de 2020

Una idea

La palabra basura tiene que ser resignificada. Debemos dejar de  imaginar la basura como algo negativo oscuro y despreciable. Hay que pensar a la basura separada y poca, viviendo mejor.
Que otro use y le de valor a lo que no necesito, produce una cadena de mejoras continuas. Las crisis producen menos basura porque se consume menos, pero se busca y se revuelve más lo que tiran los que pueden. Reflexionemos ésto porque si no estamos perdidos por completo. 
 

Tiempos de empedrado 7

Jajaja las bicicletas de antes eran pesadas. No quiero exagerar pero pesarían lo que ahora pesa ese auto Ka, y no se si más. Antes todo tenía volumen ¡Que fenómeno! Ahora veo (humildemente) que todo es efímero. Veo a mi nieto que le pesa la bolsa de la verduleria y se niega a ir. Ja.... yo le llegaba a hacer ese planteo (¡que léxico que tengo!) a mi viejita, Dios la tenga en la gloria, y me daba un sopapo que quedaba como un trompo media hora.
Antes era todo mejor y ahora es todo peor. No hay volumen con nada. Uno se comía un plato de guiso y se tomaba una hepatalgina para el segundo plato. Jajaja ¡Que plato!
¡Y no sentía que era pesada la bici che! Nos íbamos con mi hermano a la fábrica de Avellaneda desde Turdera todos los santos días por el empedrado de Hipólito Irigoyen sin decir ni mu. Y así crecimos fuertes, sanos y felices.
No existía la constipacion en toda la galaxia ¡Y ahora me entero a mis ochenta años que hay gente que no puede ir de cuerpo! ¡No lo puedo creer! La piba mía me contaba que lo padecía una compañera del trabajo.
Mi hermano Jorge, que en esa época laburaba conmigo, parecía que tenía un reloj de arena en el culo. Llegábamos al campito de la estación de tren de Remedios de Escalada se desviaba y se metía entre los yuyos a cagar ¡Jajaja que plato! Yo era pibe y hacía estupideces pero contundentes, no como ahora que hacen estupideces líquidas con el movicon. Cómo decía Jajaja... agarraba un par de cascotes y le tiraba para hincharle las bolas. Y así...
Calculo que sería el recorrido que lo hacía cagar. Treinta minutos de empedrado en bicicleta debería hacerle mover los intestinos. Bah calculo. Más el peso de la bicicleta que había que pedalear... por Uriarte ya, si mal no recuerdo, se iba rajando unos pedos. Jajaja antes era todo mejor.

lunes, 11 de mayo de 2020

El fulbo es el fulbo (cuento breve)

Escuchame mierda, si te digo que vayas por la derecha en el ataque y que no quedes de espalda con el defensor dame pelota.
Pero sos muy pelotudo y la patada que te dio el tres de ellos fue suave. Yo te la hubiera dado en la cabeza y habría rematado con otra patada en el culo. Por más roja que me ponga el conchudo del réferi.
Te saqué porque no podés ser tan dormido con las pelotas aéreas. Ahora te merecerías dos fecha en el banco por no darme bola.
Pero no. Me tengo que meter la lengua en el upite porque no recordaba que eras el hijo del presidente del club. Si yo te saco me sacan.
¡Que ingrata ésta vida! 

Bon Vogaye

Hacer terapia es
viajar por uno mismo,
para poder salir hacia otros:
lugares, historias y personas.
Y no perderse
sin antes haberse visitado,
en los propios palacios y
en los orinales ,
que nos habitan en los sitios recónditos
de nuestro ser .
Pensemos.
Nos habitan
Palacios de ficciones
que derrumbamos y
que volvemos a construir,
y visitar,
y sorprendernos,
y des-traumarnos,
y analizarnos.
Y al fin salir a otro "nosotros"
sanos o con precaución
de nuestros propios lugares. 

Recursos no renovables

La libido es un recurso energético no renovable.
Se agotan los pozos del deseo, se detienen las turbinas del amor,
se apagan las usinas de la pasión.
No hay luz de fe que prenda,
el tiempo agota los recursos y nos agota.

Quedan reververancias de iluminaciones en las memorias atascadas, enojadas,
escupiendo el suelo
y mal-diciendo.

Igualmente hay que mover la vida
sin ese recurso tan necesario.

Renovar esperanzas
de bajo volumen libidinal
quedan en las iintenciones frustradas.
La libido se agota
y no se consigue,
el precio en el mercado es altísimo
y no hay plata ni besos
que la hagan posible salir de pozos infranqueables.

Recurso no renovable de tanto quemar ese combustible
sin dar cuenta del suceso.
Con el demonio adecuado, cualquier infierno es perfecto.