A mí me gusta comer de la cabeza de las personas ¿Parece loco? Que le parezca lo que a usted le parezca. Lo que a mí me gusta, es agarrar la cucharita, estudiar un largo rato con la mirada hacia donde voy a atacar y ¡Zaz! hundir el utensilio y tomar un buen pedazo.
Abrir grande la boca y masticar en cámara lenta como si fuera una publicidad de Cinzano.
Y sí, todos tenemos un vicio bien guardado en el placard. Lo sacamos a la luz de entre las perchas cuando la angustia nos agarra a las patadas.
Hay veces, que la cabeza se muestra tentativa y ahí nomás uno le entra sin asco y hunde bien la cucharita. Nunca le pregunté a una, uno, une que siente. Yo siento un sabor distinto, un aroma exquisito debido a la disposición del "balero deglutido".
¿No le gusta lo que digo? Deje de leer. Se lo pierde. A usted le debe gustar que le coman el coco, el marulo, el mate, la sabiola y no lo quiere o puede asumir. La próxima vez que le quieran comer la cabeza, déjese. Mueva el balero para adelante con suavidad y por lo menos le sacarán una cucharadita.
No me diga que le estoy comiendo la cabeza, solamente estoy escribiendo mi experiencia de deglución de cabezas, ya le dije que puede hacer si no le agrada. Más de una vez, no tantas veces, me tocó encontrar a sujetos a los que yo le iba a hincar la cucharita y me llevé una sorpresa. El tipo pela una flor de cuchara y me morfa la sabiola. Así que no piense que a mi no me comieron la cabeza. "Un tropezón cualquiera da en la vida" recita el tango y ¡que le vamos a hacer!
Le digo de nuevo y no molesto más ¿Me deja que le coma unita cucharadita? Porfi. Miré como pongo las manitos. Hago buchero con la boquita hago.

No hay comentarios:
Publicar un comentario