Volaba en silencio mirando la cara de la gente desde una perspectiva diferente a la que ellos comúnmente se ven. Siempre sentí empatía con algunos y desprecio por muchos seres humanos, humanas, humanis. A los que despreciaba ¡pum! los cagaba. Y chau pinela.
Pero un día llegó el hombre con sus drones y me sacó ese privilegio que tenía y ahí lo odié más al hombre. Perdí la otredad de verlos ahora ellos se veían.
Soy una paloma resentida que fue atropellada por el 84 en once después de comer amiguitas de pan en un balcón.
Pero un día llegó el hombre con sus drones y me sacó ese privilegio que tenía y ahí lo odié más al hombre. Perdí la otredad de verlos ahora ellos se veían.
Soy una paloma resentida que fue atropellada por el 84 en once después de comer amiguitas de pan en un balcón.
La muerte es donde uno cambia de estado. Es eso nada más. La palomidad que tengo no la perdí, perdí las alas, las plumas, el pico, las patas, pero el sentido del ser ontológico de paloma, lo sigo teniendo. Platón diría que estoy del otro lado del río del olvido, pero ya voy a volver ¡Van a ver!, volveré y cagaré cientos de cabezas, no me acordaré que me estroló el 84 interno 103. No me acordaré, pero cagaré y lo haré porque está acción es propia del género paloma. Existimos para cargar a los demás.
Cualquiera que lo dude que de una vuelta completa a la plaza Constitución y va a ver lo que le pasa.
Cualquiera que lo dude que de una vuelta completa a la plaza Constitución y va a ver lo que le pasa.

Jajaja! Muyyyy buenoooo
ResponderEliminarGracias... Es sólo el comienzo de la saga colombófila
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