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martes, 9 de octubre de 2018

Come cabezas de cancha


Yo nunca me hubiera imaginado que iba a terminar sosteniendo una cuchara come coco todo el día. Yo le hecho la culpa a mi familia. Lo que no puedo explicar o de lo que no me quiero hacer cargo le hecho la culpa a mi madre o a mi padre. Sin distinción alguna de quien cae primero les hecho la culpa de que, en lo único que piense en mi vida, sea en manyarme un bocho con cuchara. La culpa de todo la tienen mis padres que primero me comieron la cabeza. Me comían continuamente mi pobre cabecilla de pelos jóvenes y resplandeciente. Se peleaban entre ellos para comerme la capocha y entonces yo terminé haciendo lo mismo.
Yo voy a la cancha a ver el partido y espero que todos los que están a mi alrededor se distraigan con una jugada peligrosa. Entonces, yo pelo la cuchara del bolsillo del pantalón y elijo que cabeza me como. Una vez entró en ataque el zaguero central un poco adelantado, encaró para darle para adelante, le pegó un zapatazo al balón justo cuando yo estaba por entrarle con la cuchara a uno de la barra brava que gritaba "¡Dale metela!... ¡La puta que te pario!", ese "¡Dale metela¡" me dio más ganas de comerle esa cabeza. Bueno, la cuestión es que la tiró a la tribuna cuando yo casi hundo mi pobre cucharita en ese marulo. El pelado se dio vuelta sacó una tremenda cuchara y me comió la cabeza. No siempre uno se da cuenta de la rapidez de la cucharada del otro, de la víctima elegida, pongámosle.
Voy a ver partidos para que otros vean goles. A mi lo que me interesa es comer una cabeza ¿A usted le gusta el fuchibol? Avíseme y vamos a la cancha. Lo que me pasa sépalo.... Es por culpa de mi mami y de mi papi. Y eso que no íbamos a la cancha. Gooool

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