Vuelvo a "poner" no a "sembrar" (así decía mi abuelo Vittorio) las semillas como todos los años en agosto donde agoniza el invierno de pies fríos por la noche. Ahí se empieza a vislumbrar una esperanza que se iba diluyendo con la lluvia de julio. Los broter del rosal aparecen como botones rojos. Se despierta la parrilla que durmió plácidamente y renace el crepitar del carbon del fin de semana con invitados, Cinzano y queso. Empezamos a ver el afuera que quedó sin hacer del año anterior.
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