Me dispongo archivar distintos objetos sin valor para que lo herede mi posteridad.
Todo lo que consumimos viene envasado. Algún dia existirá un mercado de trastos de lo que hoy se tira y mis sucesores choznos bisnietos, sin ir más lejos, podrán capitalizar aquello que guardé.
Quizá se atesore como una reliquia, el envase de un Capitán del Espacio que me clavé rompiendo la dieta.
Tal ves libros impecables de escritores desconocidos o denostados sean obras decisivas para la literatura de un siglo, siglo y medio. Por Nietzsche no daban dos guita, no digo que fue la biblia junto al calefón, pero habrá servido para prender algún asadito en 1940.
¿Quién lo sabe? Estaremos tirando cosas que en el tiempo tendrán mucho valor.
Tiramos todos los vhs y quizás sea snob dentro de cincuenta años ver una de Chuck Norrys con la videocassetera ¡Andá a saber en que terminará esta historia loca!
¿Venerarán a Jorge Lanatta?
¡La historia salva a cada uno! Yo usé su libro para el asado ¡Atorrante!

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