Seguidores

Seguidores

domingo, 26 de agosto de 2018

Tectónicas

Con tantas llaves que se van acumulando, uno tarda más en encontrar la que abre. Eso pensó Enrique al entrar al zaguán de su casa. Miró en su cartera, sacó el manojo y metió en la cerradura la primera llave que a su mano eligió y abrió. Sintió en su pecho la sensación de que algo comenzaba. Desde ese momento dijo que ya no pensaría más en hallar la llave correcta, la llave conduciría a su mano para que sea encontrada. Y así fue. El "objeto llave" era elegido por voluntad propia frente a la tozudez fría de una mano izquierda. El mundo comenzó a girar en torno a Enrique Lorenzo, de manera que era arrastrado por las olas de la felicidad y de las desdichas. Siempre recordaba al poeta que versaba que muchos hombres eran movidos como las piedras de las placas tectónicas. En la cumbre de las simas de las montañas y en lo profundo del suelo hay piedras, esas piedras no eligieron ese lugar. Fueron puestas por una energía que no era propia. Enrique Lorenzo dejó de pensar la llave. La llave lo pensó a él y no tuvo más culpa. No lo entendió nadie. Lo entendían los objetos que cobraban vida. El zapato derecho encontraba al pié derecho. La mano derecha era ocasionada por el plato sucio que era lavado por la esponjita con detergente en la otra mano que estaba desocupada. Zombie era una banda de punk rock que se había visto frente a Lorenzo e hizo que la mano izquierda lo tomara al descuido. Así meció su vida. Como un títere que era movido por la cuerda de las cosas que lo hacían ejercer su ser.

No hay comentarios:

Publicar un comentario